jueves, 30 de octubre de 2014

Rey de Armas

Denominóse, además, arte heráldica, porque los Reyes de
Armas y los heraldos tenían la obligación de blasonar las arme-
rías de los nobles que se presentaban en los torneos y registrarlas
en sus libros.

Conviene advertir en este punto que el Rey de Armas y el
heraldo no eran una misma cosa, aun cuando muchos tratadistas
de la ciencia heráldica o del blasón los confunden con frecuencia.

Eran dos cargos muy distintos, con diferentes y' especiales
atribuciones.

Moreri deriva la voz Heraldo de las alemanas Heér, armado,
y Aid, oficial, que juntas en Heerald, de que viene la corrompida
Heraldo, significan oficial armado. Y eso era el heraldo: un ofi-
cial de guerra de un Estado soberano. Al hacerse su nombra-
miento en la antigüedad se verificaba una ceremonia que llamá-
base bautismo de los heraldos, porque el Rey vaciaba una copa
de vino sobre la cabeza del aspirante, dándose a esto el nombre
de una heraldía.

La misión del heraldo consistía principalmente en hacer cier-
tas pubhcaciones solemnes y en desempeñar determinadas funcio-
nes en las ceremonias púbhcas. Cada heraldo traía estampado
sobre las mangas de su vestido el nombre de su provincia.

El Rey de Armas, era el jefe de los heraldos y presidía su capí-
tulo, ejerciendo una jurisdicción en las armerías.

Sólo los Reyes concedían, y siguen concediendo, la facultad de
traer armas, y a ningún caballero que no disfrute de esa conce-
sión le es permitido usar de ellas, ni le queda libertad de tomár-
selas, ni menos puede ninguno alterar las que se le permiten. «En
el Escudo de armas, ni interior ni exteriormente debe haber nada supositicio; ni el ponerse punto, pieza, figura ni color que no sea
muy propio, bien arreglado y sujeto a los preceptos del Blasón;
porque de ^faltar en esto, sólo serían las armas mal ordenadas,
tal vez falsas o fantásticas, que desautorizarían al dueño y harían
menospreciable la obra. Y habiendo alguna usurpación de los
Escudos de los Soberanos, incurrirían en el crimen lesx majes-
tatis, y en la de falsario si fuere de otros nobles» (1).

Aunque el estudio del Blasón, como dice el Marques de Aviles,
es un abismo que no puede llegar a fondearse, ni hay modo de
concretar todas sus individualidades y circunstancias, pues fre-
cuentemente se encuentran casos nuevos que saber, nos propo-
nemos en este volumen dar una clara, exacta y total idea de lo
que es el Blasón como arte, recogiendo cuanto contienen acerca
de éste los tratados de los más ilustres autores; es decir, todo
aquello «que no es decente ni permitido ignorar a las personas de
calidad y distinción».

Fernand Mexía, en su Nobiliario Vero, dice «que un hombre
de calidad debe saber el linaje de donde desciende, por lo menos hasta su cuarto abuelo; sus Armas, las del Rey y Reino de que fuere, tener conocimiento de los colores, del método de blasonar y los preceptos generales del Arte.»

Colombiere aconseja, con expresiones muy vivas, que el Arte
del Blasón es la primera cosa que debe saber un caballero.

El Blasón gira en torno del Escudo, y sus principios generales
consisten en el campo, esmaltes y figuras con su postura y dis-
posición; en Q-\ timbre, ornamentos exteriores y modo de blaso-
narles por orden y con términos propios del Arte.


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(desde mi Blackberry )
Benicio Samuel Sanchez
Genealogista e Historiador Familiar

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Por medio de la historia familiar descubrimos el árbol más hermoso de la creación: nuestro árbol genealógico. Sus numerosas raíces se remontan a la historia y sus ramas se extienden a través de la eternidad. La historia familiar es la expresión extensiva del amor eterno; nace de la abnegación y provee la oportunidad de asegurarse para siempre una unidad familiar".
(Élder J. Richard Clarke, Liahona julio de 1989, pág.69)